El conocimiento de un nuevo caso de violación grupal en Manresa este diciembre supone una oportunidad para mejorar la cobertura informativa de las violencias sexuales, respecto al tratamiento del mediático caso del 2016 en la ciudad y de la sentencia hecha pública el mes pasado. Analizamos cómo en aquella ocasión las informaciones siguieron la pauta del relato dominante sobre las violencias sexuales, el cual revictimiza, cuestiona y culpabiliza implícitamente a las agredidas; presenta a los agresores como monstruos o inadaptados, espectaculariza las agresiones y las descontextualiza.

Traducción al castellano del artículo original en catalán: Ana Burgos, Observatori Noctàmbul@s

A finales de octubre, la Audiencia Provincial de Barcelona condenó por abusos sexuales a cinco hombres que violaron en grupo a una chica menor de edad en Manresa en 2016, considerando que no cometieron un delito de agresión sexual ya que la chica estaba inconsciente después de haber consumido alcohol y marihuana en una fiesta y no tuvieron que usar intimidación o violencia. Esta sentencia reabre el debate sobre la distinción penal entre abuso y violación, que ya saltó a la palestra con el caso de la violación grupal de Sanfermines, considerada abuso por la Audiencia de Pamplona hasta que el Tribunal Supremo la calificó de agresión sexual y reconoció la intimidación ambiental como violencia.

Una vez más, se evidencia la necesidad de formación a los medios para realizar un abordaje adecuado de las violencias sexuales, con herramientas como las Recomendaciones para informar sobre agresiones sexuales (2018), elaboradas por entidades especializadas como la Asociación de Atención a Mujeres Agredidas Sexualmente (AADAS), la Cooperativa Almena Feminista y el Máster de Género y Comunicación de la Universitat Autònoma de Barcelona, con el conocimiento situado de mujeres que han vivido agresiones sexuales.

El uso de drogas como cuestionamiento de la agredida

Medios como El Mundo o El Periódico centraron el relato sobre la condena o el proceso judicial por la violación de Manresa en el estado de la chica durante la agresión. Las Recomendaciones… desaconsejan focalizar la información sobre agresiones sexuales «en datos circunstanciales» como el hecho que la agredida consumiera drogas o alcohol o se fuera con un desconocido a su casa, ya que «cuestionan el comportamiento de las mujeres» y las « responsabilizan de la agresión». Solo recomiendan hacerlo si «demuestra la alevosía o la premeditación del agresor». En este sentido, al informar de la sentencia, Vilaweb recogió que la chica creía que le administraron una droga en la bebida: lo hizo también La Vanguardia y Telecinco, en una crónica de contenido claramente sensacionalista (“La víctima de la Manada de Manresa narra una violación grupal entre pistolas y marihuana“).

Se podría argumentar que aclarar si la chica era consciente o no era clave por la importancia que tiene demostrar la premeditación de la agresión. En todo caso, como plantean las Recomendaciones…, se tendría que haber contextualizado esta información con fuentes expertas: por ejemplo, las entidades especializadas en género y drogas a las que ningún medio ha consultado durante el proceso, las cuales consideran que la sentencia «estigmatiza» las mujeres consumidoras de drogas, y es “machista“, porque categoriza la violencia e intimidación «desde una óptica patriarcal», dado que «aprovechar un estado de semiconsciencia de una persona para agredirla es violencia».

También habría sido conveniente aportar datos sobre la incidencia de las sustancias en agresiones sexuales: por ejemplo, según el Hospital Clínic, hospital de referencia en atención a agresiones sexuales en Barcelona, un 60% de las personas atendidas en 2019 (351 personas; un 91% de ellas, mujeres) había consumido alcohol y/o drogas y un 30% sospecha que fue víctima de sumisión química con alguna sustancia.

La mayoría de medios abordaron el tema del consumo de drogas como clave de la tipificación penal de la agresión, pero pocos incluyeron un análisis de juristas feministas y otras expertas, como aconsejan las Recomendaciones…. El 25N, la abogada penalista experta en violencias machistas Carla Vall valoraba la sentencia a Vilaweb en una entrevista en que explicaba que se ha legislado «muy mal», puesto que se vincula el sufrimiento o la gravedad de una agresión sexual a la consciencia, cuando las psicólogas especializadas explican «que es al contrario. Las víctimas que no recuerdan qué ha pasado se sienten mucho más culpables, las lagunas las perturban mucho más… Sufren no solo por lo que pasó, sino por todas las opciones de lo que pudo pasar».

Un derecho penal patriarcal que revictimiza a las mujeres

Público y El Periódico recogen la crítica de Altamira Gonzalo, presidenta de Mujeres Juristas Themis, al tribunal por juzgar «con benevolencia» a los violadores de Manresa y por la «falta de empatía» con la agredida. Eldiario.es dio voz a la entidad de litigio estratégico feminista Women’s Link y a la catedrática de Derecho Penal Patrícia Faraldo (como también hizo El País), y es el único medio que hace una comparación muy oportuna entre la legislación española, que define el delito de violación según el grado de violencia o intimidación ejercido contra la víctima, y otros países, que lo hacen en base a la ausencia de consentimiento, como establece el Convenio de Estambul.

Tal y como explica el informe El abordaje de las violencias sexuales en Catalunya del Instituto Catalán de las Mujeres, la «definición patriarcal de la violación» entiende que ésta requiere «el uso de la fuerza y la intimidación y, por lo tanto, que la falta de resistencia de la mujer implica consentimiento». Esta visión se encuentra en la sentencia de Manresa. Montse Pineda, responsable de incidencia de la ONG Creación Positiva, experta en violencias sexuales y coautora del informe, destaca que el tribunal «no reconoce la intimidación a la chica, pero sí a un hombre que se masturbó presenciando la violación y a quien absuelven. Dicen que tenía miedo del grupo y por eso no actuó para evitarla».

El marco conceptual del informe establece como pilar de las relaciones sexuales deseadas el «consentimiento afirmativo», que «tiene que ser concedido de forma activa» y, por tanto, no puede darse si la persona está «intoxicada» con cualquier tipo de sustancia o en una situación de «coerción» (violencia ambiental o intimidación, presión de grupo, relaciones de superioridad profesional, violencia machista en el marco de una relación de pareja, menores que sufren una agresión de un adulto…).

¿Procesos judiciales o espectáculos?

Pineda remarca que las mujeres agredidas tienen una «desconfianza creciente en el sistema judicial derivada de casos como el de Pamplona o Manresa», y lo ilustra con el hecho de que, por ejemplo, la mitad de mujeres atendidas en el Hospital Clínic no quieren denunciar. De hecho, las Recomendaciones… aconsejan «no presentar el proceso policial y judicial como si fuera fácil o garantizara la condena del agresor», puesto que «los delitos contra la libertad sexual son los únicos en los que las víctimas tienen que demostrar su inocencia». A pesar de que, explican, las mujeres «no tienen que justificar su respuesta a la agresión» ni demostrar que han sufrido «lesiones o el uso de la fuerza», el caso de Manresa es un ejemplo de que sí que se lo exigen.

En varios medios se han relatado detalles de la agresión sexual que no tienen valor informativo y sitúan la mujer como «objeto pasivo». Más de ocho medios recogieron el momento en que el tío de la chica agredida intentaba atacar uno de los violadores a la entrada del tribunal y no le pixelaron la cara, hecho que facilita su identificación por el entorno próximo y, por lo tanto, también de la chica, lo que vulnera su derecho a la intimidad.

Durante el juicio, La Vanguardia y Telecinco remarcaron el vínculo de la chica con uno de los violadores. Las Recomendaciones… aconsejan «no hacer juicios de valores sobre relaciones sexoafectivas entre agresor y agredida, ya que esto no influye ni resta importancia a la relación sexual».

‘Manada’ como nuevo significante del terror sexual

Más de 20 medios, tales como El País, El Periódico, La Vanguardia, El Mundo o RTVE, han denominado ‘manada’ a los violadores de Manresa, evocando el nombre con el que se autodenominaba el grupo de depredadores sexuales de Pamplona. Como remarca Carla Vall, hay que nombrar a los violadores por su nombre y no contribuir a reforzar el imaginario sobre la violación grupal de Sanfermines, que analizó Mèdia.cat y que, como explica la investigadora Nerea Barjola, sigue la misma pauta que el de la desaparición forzada, tortura sexual y asesinato de las adolescentes de Alcàsser: es un relato de terror que busca disciplinar las mujeres y aleccionarlas sobre lo que les puede pasar si ejercen su libertad. También presenta las agresiones como una anomalía y a los agresores como enfermos o inadaptados cuando, como insiste el movimiento feminista, son hijos sanos del patriarcado.

En el caso de Manresa, La Vanguardia recogió declaraciones de familiares de la chica que relacionaban a los violadores con un grupo étnico concreto. Últimamente hemos visto a partidos fascistas intentando vincular violencia sexual con migración. Las Recomendaciones… aclaran que «los agresores pertenecen a todas las clases sociales y nacionalidades, y la mayoría tienen una vida rutinaria (…), son hombres conocidos y del nuestro entorno de confianza». Del mismo modo, las Recomendaciones para un tratamiento informativo equilibrado de las mujeres inmigradas en los medios de comunicación (ACSUR, 2010) desaconsejan vincular las violencias machistas con las culturas de origen.

Las violencias machistas, también las sexuales, son una lacra internacional, interclasista, interétnica, interreligiosa e intergeneracional: una de cada 5 mujeres al mundo ha sido víctima de violación o intento a lo largo de su vida; la mayoría de agresores son conocidos; en la Unión Europea 9 millones de mujeres han vivido una violación, cerca de 1,5 millones en el Estado español; y más de la mitad se dan antes de cumplir 15 años, puesto que uno de cada cinco menores vive abusos sexuales. La informe Mujeres Valientes (AADAS y Almena, 2018), de cual salieron las Recomendaciones para informar sobre violencias sexuales, remarca que las supervivientes «son agentes de un cambio social a partir del proceso de cambio propio». Por lo tanto, sus saberes tienen que vertebrar el relato sobre las agresiones sexuales.