La Covid-19 y sus consecuencias se han comunicado desde el adultocentrismo, sin tener en cuenta los derechos y las necesidades educativas y sociales de los niños. Hablar de ellos como ‘vectores de contagio’ o del retorno a la escuela desde la perspectiva de la conciliación y no la educativa, corrobora que la voz de los niños ha quedado silenciada en los medios durante la pandemia.

Las redes, las tertulias y las columnas de los medios se caracterizan por estar llenas de personas dando opiniones más o menos fundamentadas sobre temas complejos, de importancia y actualidad. Y durante la pandemia del coronavirus eso no ha cambiado. La diferencia es que los temas a tratar eran totalmente nuevos y desconocidos hasta el momento.

Bajo las piedras se encontraba quien hablaba de epidemiología, derechos laborales o gestión pública. Y la educación no ha sido una excepción. «Todo el mundo se atreve a hablar de educación y de los niños, pero sin hacerse cargo de lo que conlleva. Y la ignorancia es muy atrevida, sobre todo en un mundo como éste, en el que no hay certezas absolutas», opina Ramon Font, portavoz de USTEC-STEs, el sindicato mayoritario de los docentes de la escuela pública catalana.

La gestión del confinamiento de los niños ha sido un tema polémico, tanto en cuanto a su reclusión en los hogares, como la vuelta a los centros educativos y los espacios de ocio. Fueron el último colectivo al que se permitió salir a pasear, pero se planteó la vuelta a los centros educativos «de manera precipitada», remarca Font. Se pasó de considerar a los niños como «vectores de contagio» , a instar a la apertura de centros educativos en medio de una «campaña en los medios que quiso influir de manera prematura sobre cuestiones científicas y protocolos de seguridad», afirma Font.

La clave para entender esta deriva es «el adultocentrismo», asegura Laia Pineda, directora del Institut d’Infància i Adolescència. Desde el principio se dijo que niños y niñas eran asintomáticos pero que podían ser ‘vectores de contagio’. Pineda se pregunta, sin embargo, «¿para quién son vectores de contagio?». Para ella, el confinamiento infantil no buscaba proteger a los niños, sino «limitar el número de contagios de los adultos». A esto se le suma el hecho de que la vuelta a la escuela, en los términos que se ha planteado «compromete la esencia y no da respuesta a lo que necesitan realmente los niños», añade Pineda.

Según Ramon Font, estos meses se ha tratado la escuela como un servicio esencial más, cuando en realidad, opina, «es fundamental». Por su parte, Laia Pineda considera que la escuela sí es un servicio esencial, pero «para las criaturas, no para los adultos»

El mantra de la «escuela parking’

De todo este debate, pronto nació el mantra de «escuela parking ‘, acuñado por las voces contrarias a una apertura precipitada de los centros, que consideraban que volver a las aulas en este punto de la pandemia respondía a la necesidad de dejar aparcadas a las criaturas en los centros. «La escuela hace una función educativa para los niños y, de rebote, también ayuda a la conciliación laboral, pero esta la deben garantizar empresas y la administración«, afirma Mercè Cama, miembro del área de comunicación de la FaPaC (Federació d’Associacions de Pares y Mares d’Alumnes de Catalunya) y contraria a la reapertura de las escuelas antes del verano. «La escuela no es un parking, es un derecho fundamental, y la conciliación no se ha de lograr reformando la escuela», añade.

Un alumne d’infantil de l’Institut Escola Costa i Llobera, assegut amb mascareta, esperant per entrar a l’aula. Foto: Blanca Blay / ACN

Desde la FaPaC lamentan haber echado de menos voces en el ámbito político y mediático que trataran la educación «como el derecho fundamental que es». «Se presenta como si fuera un servicio prescindible y en las tertulias y artículos parecía que los centros nos hicieran un favor a las familias», apunta Cama. Por su parte, Ramon Font, de USTEC, denuncia que desde los medios «se nos ha dicho que los docentes cargábamos las culpas sobre las familias que querían abrir las escuelas: cuando hablamos de parkings, criticamos las políticas del Departament, no a las familias», esclarece.

Y es que desde el sindicato aseguran que el colectivo docente ha «recibido críticas y desprestigio duros desde los medios de comunicación» a partir de la Fase 2. «Se nos atacó por el hecho de poner en cuestión las decisiones de los departamentos de Educació y Sanitat, pero como sindicato tenemos el deber de velar por la salud de nuestros trabajadores», se defienden desde USTEC. Font lamenta que se haya comparado a los maestros con los sanitarios, en tanto que trabajadores esenciales que deben trabajar sin las protecciones adecuadas, pero «es que nosotros no salvamos vidas; es como comparar huevos con castañas», apunta.

Confinamiento y derechos

La infancia, que vio cerrar las escuelas el 13 de marzo, fue el primer colectivo a confinarse, y el último en salir a la calle. Además, durante las semanas más duras del confinamiento, no tuvieron la oportunidad de ir ni siquiera a comprar, actividad que se convirtió en una vía de escape para muchos adultos. «El momento pedía medidas muy estrictas, pero el problema es que entendemos salud como ausencia de enfermedad y protegernos va mucho más allá de no infectarnos», apunta Laia Pineda, que recalca en el impacto que tendrá el aislamiento en la salud mental de los más pequeños.

Ni todos los casos son iguales ni todas las familias viven en las mismas condiciones. El confinamiento ha puesto sobre la mesa desigualdades ya existentes pero que estos días han tomado más relevancia, como la brecha digital. «Esta es la desigualdad de la que más se ha hablado, pero hemos echado de menos que se hablara de otras en los medios», alerta Mercè Cama. Familias recién llegadas que no dominan el idioma, niños con necesidades educativas especiales… «son casuísticas que van mucho más allá de la familia de clase media y de la que tiene dificultades económicas, que son los dos perfiles que se han tratado mayoritariamente en la prensa «, opina Cama.

Un grup d'alumnes de 3r d'ESO de l'Institut Escola Costa i Llobera, a l'aula. Foto: Blanca Blay / ACN

Un grup d’alumnes de 3r d’ESO de l’Institut Escola Costa i Llobera, a l’aula. Foto: Blanca Blay / ACN

Igualmente, sobre las repercusiones de este encierro, se ha dicho mucho que los niños se adaptan a pesar de que se recuperan rápidamente, pero que sean así «tiene que ver con el rol desigual que les hemos dado en la sociedad: les exigimos un gran nivel de obediencia, pero que no se quejen no quiere decir que no sufran», alerta Laia Pineda, directora de l’Institut d’Infància i Adolescència, quien ve en el tratamiento mediático y político del confinamiento infantil una muestra más del «adultocentrismo» que rige la sociedad. El mejor antídoto es «escuchar a los niños. Si no lo hacemos, nunca entenderemos la importancia de la naturaleza, del juego compartido y del aire libre», recomienda.

Y es precisamente el uso del espacio público otro de los debates y dudas que reinan entre las familias, que ven abrir discotecas, gimnasios y bares, mientras los parques infantiles permanecen cerrados. «Se tiende a ver a los niños y niñas como algo incontrolable, que en cuanto dejamos libres tocan, lamen, cogen… pero la manera de descubrir el mundo de los niños es muy expansiva», apunta Pineda. Ante la incomprensión y la incapacidad de control, prohibición de jugar en parques y, hasta hace poco, pasear.

El caos de las competencias y la información confusa

Durante las primeras semanas, en las que no había casi nada que se pudiera hacer fuera de casa, la información sobre el confinamiento era simple. Pero la comunicación de las fases de desescalada ya fue más complicada. No estaba claro qué se podía hacer y, sobre todo, quién o cuándo podía hacerlo. Y aquí, si el mensaje de las administraciones era confuso -por complejo-, los medios no ayudaron. Mercè Cama, de FaPaC, resalta la «tendencia excesiva de los medios a dar por buenas declaraciones de representantes políticos sobre medidas que todavía no estaban aprobadas».

En esta línea, Pierna destaca cuando Torra anunció el desconfinamiento de las escuelas sin haberlo pactado con el Gobierno español o cuando se anunciaron las franjas para pasear de la Generalidad que luego no coincidieron con las decretadas por el gobierno central. En esta cobertura caótica del baile de declaraciones tuvo mucho que ver el hecho de comunicar declaraciones como si fueran decisiones ya tomadas, aunque la administración que las formulara no tuviera las competencias. «Nos guste o no, es el Gobierno quien debe autorizar ciertas cosas y el periodismo debe ser cauteloso, más aún en este contexto», apunta Cama.

No saber a qué hora podrían pasear a los niños ni si los adolescentes podrían hacerlo. ¿Se puede ir a comprar con las criaturas? «Las administraciones nos han dado mucha información y se nos ha hecho llegar mucha por otras fuentes que no estaba corroborada», se lamenta Cama. Pero los adultos no han sido los únicos que han sufrido el caos comunicativo. «Los niños también tienen derecho a recibir una información adecuada para saber qué está pasando», asegura Pineda.

Los medios de comunicación están pensados por y para adultos, pero si el contexto es nuevo y cambiante y así lo es también la información transmitida, se complica que los niños puedan entender de manera clara qué sucede. «Cuesta encontrar información adecuada que les haga partícipes; si no nos dirigimos bien a ellos, les transmitimos el mensaje de que no pensamos que formen parte de la sociedad», opina Pineda. Destaca como necesarios mecanismos de preguntas y respuestas entre dirigentes públicos y niños, como el que se hizo en el programa InfoK con el presidente Torra. Estos formatos, sin embargo, «no son frecuentes, como tampoco es frecuente preguntar a los niños y niñas cómo lo viven», apunta Pineda. Una vez más, decidir sobre un colectivo, sin el colectivo.

Traducción al castellano de Catalunya Plural

Article original en català a Mèdia.cat

Prenen la temperatura a un alumne d'infantil a l'Institut Escola Costa i Llobera. Foto: Blanca Blay / ACN

Prenen la temperatura a un alumne d’infantil a l’Institut Escola Costa i Llobera. Foto: Blanca Blay / ACN

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